Tres cocodrilas del cocodrilar,
cocodrileando se van a nadar.
Cocodrileja sumerje la oreja.
Cocodrilata sumerge la pata.
Cocodricola sumerge la cola.
Tres cocodrilas del cocodrilar,
cocodrileando se van a pasear.
Cocodrileja se lanza y se aleja.
Cocodrilata por poco se mata.
Cocodricola se siente muy sola.
Tres cocodrilas del cocodrilar,
dentro de este cuento se van a encotrar.
Floria Jiménez
Costa Rica
jueves, octubre 20, 2011
viernes, diciembre 10, 2010

UNA NARIZ PEGADA
Eduardo Langagne
Asilo del moco seco
manantial del moco aguado.
Un pañuelo desdoblado
limpia bien el recoveco;
al sonarse se oye el eco
de un agujero infinito.
Helipuerto del mosquito,
tobogán de las hormigas
que resbalan sus barrigas
con un jubiloso grito.
La comezón baila loca
cuando rezumba la abeja;
nuestra nariz no es oreja,
está al lado de la boca.
Con este dedo se toca
alguno de su senderos,
los mocos son caballeros
que al salir lucen felices:
no son dos nuestras narices
sí son dos sus agujeros.
En
Hago de voz un cuerpo
Antología de María Baranda
Ilustraciones de Gabriel Pacheco
FCE: México D.F., 2009
jueves, diciembre 09, 2010
Hago de voz un cuerpo
LA LENGUA VIVE EN LA BOCA
Francisco Segovia

La lengua vive en la boca
Como la almeja en su concha.
Si algo cae entre sus labios,
lo pule y lo saborea
como si fuera una
idea
nacida de siete sabios.

Aunque sea una basura
que le ha herido el paladar,
la envuelve y no se apresura,
pues la paciencia es su cura
y su modo de sanar.
La entibia entre su saliva
-porque una idea está viva-;
le da tiempo, le da oriente
y un reflejo del poniente
con su tenue quemadura.
Pero no nos deja verla
hasta que está bien madura:
Así de hermosa es su perla.
La lengua vive en la boca
como la almeja en su concha.
Esto es lo que ha hecho la lengua
Tras de los labios cerrados:
Una luna que no mengua
en la noche de la boca…
Tras los labios apretados,
una luna eterna, loca…
¿Por qué dicen que es de sabios
tener cerrados lo s labios?
¡Que los abra! ¡Que los abra!
Que le dé luz a su perla
para verla.
Que los abra
y dé luz a su palabra…
En
Hago de voz un cuerpo
Antología de María Baranda
Ilustraciones de Gabriel Pacheco
FCE: México D.F., 2009
lunes, noviembre 01, 2010
El señor Ibrahim y las flores del corán

He leído tanto tanto desde el 2008 y no puedo creer que la última entrada sea de entonces. Me suscribí a Goodreads y empecé a escribir desde ahí. Pero no me gusta tanto como esto, más privado y más propio.
Para ponerme al día, comento un libro que leí recién junto al equipo UCE-Mineduc:
Eric Emmanuel Schmitt
El señor Ibrahim y las flores del Corán
Barcelona: Obelisco, 2003
80 Páginas
Precioso, actual, breve, humano. Buena lectura para leer y discutir. Genial para muy lectores y muy maduros en 8° y para no lectores en toda la educación media . Como adultos, también una preciosa lectura, aunque el protagonista sea adolescente; en realidad, cualquiera que tenga un niño creciendo cerca -o que se acuerde de cuando lo era- puede meterse en las páginas del señor Ibrahim.
Lo más bonito es cómo el autor da vuelta las situaciones: del robo nace una amistad, del abandono llega un padre, del judaísmo se pasa al Corán. Una de las partes que quedó en mi memoria fue el aprendizaje a rezar bailando que hace el protagonista junto a los sufíes. Narrado de forma auténtica y simple,me hizo pensar en las danzas africanas que se mencionan aquí.
viernes, abril 04, 2008
De viernes a domingo
Rafael Rubio
Luz Rabiosa
Los Ángeles: Camino del ciego, 2007.
Llegué a este libro a través de M. I. Zaldívar, quien me pidió que escribiera una reseña para Taller de Letras. Estuve encantada de aceptar, pero ¡me ha costado tanto escribir!
Es más, en Mis Documentos, salvo un par de artículos recopilados para contextualizar, no hay nada.
¡Es que me sale TAN difícil este lenguaje académico, pretendidamente neutro, que se usa en las revistas y publicaciones! Por lo general soy en todo bastante formal, PERO me agrada la idea de impregnar de una voz propia lo que digo. Mejor dicho: hablar desde el disfraz intelectual se me hace intolerablemente incómodo. Pero siento que le quito el piso a la voz a penas surge.
En fin. Vamos al libro.
La lectura ha sido realmente un acierto. Me ha acompañado en asuntos relacionados, fuertes y ha iluminando los sentimientos propios a la "luz rabiosa" de sus páginas. En primer lugar, hay que decir que reencontrarse con las letras, con la poesía misma, es un placer. Ese lugar de silencio, de significados concentrados, me vuelve a recordar el tiempo que pasé en Letras y las razones que me llevaron a pasarlo allí. ¡Un placer!
En segundo lugar, esta fue mi lectura de Semana Santa. El viernes leí las elegías, el sábado, el huérfano cenatorio, el domingo el levantamiento.
Me gustó la métrica regular, el uso de esas formas clásicas que aparecen hoy como artefactos creativos, llenos de trabajo e ingenio. Me gustó mucho el tema: la muerte, el padre, el nacimiento y el fin. Descubrí en el cenatorio el sentido del humor que es necesario conservar para no llorar. Si bien con sorpresa, agradecí luego la frescura de la voz en "El arte de la elegía" y "Arte poética", intermedios que desnudan al hablante de la pompa fúnebre y permiten una mirada antipoética. No me gustó el uso de cierto vocabulario arcaico, ni tan alejado como para ser exótico, ni tan cercano como para ser cotidiano. La repetición, más que destacar cierta figura fónica, revelaba una falta de variedad o profundidad. A lo mejor es un tropiezo lector de mi parte.
Y he aquí que el domingo me encontré con el epílogo, que me dejó con el ánimo confundido y alegre:
EL VALLE ESTABA ARRIBA.
EL CIELO ESTABA ABAJO.
Levitar era bajar del valle al cielo,
Padre puro:
Adentro de lo oscuro hay una luz rabiosa.
Afuera están gritando que no hay Dios.
Luz Rabiosa
Los Ángeles: Camino del ciego, 2007.
Llegué a este libro a través de M. I. Zaldívar, quien me pidió que escribiera una reseña para Taller de Letras. Estuve encantada de aceptar, pero ¡me ha costado tanto escribir!
Es más, en Mis Documentos, salvo un par de artículos recopilados para contextualizar, no hay nada.
¡Es que me sale TAN difícil este lenguaje académico, pretendidamente neutro, que se usa en las revistas y publicaciones! Por lo general soy en todo bastante formal, PERO me agrada la idea de impregnar de una voz propia lo que digo. Mejor dicho: hablar desde el disfraz intelectual se me hace intolerablemente incómodo. Pero siento que le quito el piso a la voz a penas surge.
En fin. Vamos al libro.
La lectura ha sido realmente un acierto. Me ha acompañado en asuntos relacionados, fuertes y ha iluminando los sentimientos propios a la "luz rabiosa" de sus páginas. En primer lugar, hay que decir que reencontrarse con las letras, con la poesía misma, es un placer. Ese lugar de silencio, de significados concentrados, me vuelve a recordar el tiempo que pasé en Letras y las razones que me llevaron a pasarlo allí. ¡Un placer!
En segundo lugar, esta fue mi lectura de Semana Santa. El viernes leí las elegías, el sábado, el huérfano cenatorio, el domingo el levantamiento.
Me gustó la métrica regular, el uso de esas formas clásicas que aparecen hoy como artefactos creativos, llenos de trabajo e ingenio. Me gustó mucho el tema: la muerte, el padre, el nacimiento y el fin. Descubrí en el cenatorio el sentido del humor que es necesario conservar para no llorar. Si bien con sorpresa, agradecí luego la frescura de la voz en "El arte de la elegía" y "Arte poética", intermedios que desnudan al hablante de la pompa fúnebre y permiten una mirada antipoética. No me gustó el uso de cierto vocabulario arcaico, ni tan alejado como para ser exótico, ni tan cercano como para ser cotidiano. La repetición, más que destacar cierta figura fónica, revelaba una falta de variedad o profundidad. A lo mejor es un tropiezo lector de mi parte.
Y he aquí que el domingo me encontré con el epílogo, que me dejó con el ánimo confundido y alegre:
EL VALLE ESTABA ARRIBA.
EL CIELO ESTABA ABAJO.
Levitar era bajar del valle al cielo,
Padre puro:
Adentro de lo oscuro hay una luz rabiosa.
Afuera están gritando que no hay Dios.
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